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Un cuento antes de dormir

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Dale, uno más, el último antes de dormir. Es una de las frases frecuentes en las casas donde habitan niños pequeño. El último cuento, la última página, la última canción que siempre esconde un poema…

Desde los hermanos Grimm a Maria Elena Walsh desde Julio Verne hasta Sandokan o la Señora Planchita, desde las historias escritas por autores destacados hasta aquellas creadas por los padres para sus hijos o por los abuelos para sus nietos…

El encuentro en la literatura es un tiempo y un espacio mágico entre adultos y niños, programas de abuelos y abuelas cuentacuentos se reproducen a lo largo y ancho del país, son miles los adultos mayores que se ofrecen voluntariamente para abrir las ventanas de la imaginación, a través de la lectura a miles de chicos. El cuento narrado con amor a un niño enfermo, es un remedio que ayuda a la sonrisa y a salir de ese cuerpo doliente.

“Quien cuenta una historia, lo sabemos, corre un velo”, dice Angela Pradeli. La literatura es imaginación, es remedio, es camino para afrontar la resolución de conflictos, para hacer frente a los miedos más inesperados, como el caso de Tengo un monstruo en el bolsillo de Graciela Montes, donde una niña logra domar sus temores acariciando ese monstruo que no desaparece pero puede ser dominado e incluso acariciado por ella.

La literatura es también un espacio en el que se confrontan modelos. Una familia como Mujercitas de Luisa M Alcottt? O una como La familia de la soga de la misma Graciela Montes, en el cual  padres e hijos no logran independizarse hasta que comprenden que están atados y buscan resolver esa limitación.

Historias de princesas salvadas por príncipes como Cenicienta o Blancanieves o historias en las que las protagonistas no quieren ser princesas, ni quieren ser salvadas, sino mas bien compinches y pares de sus amigos.

La literatura es una inmensa oportunidad para traer grandes y complejos temas de la humanidad a la mirada de los chicos, como el de las migraciones, tan candente y doloroso que desde siempre tuvo lugar en la literatura, también en aquella pensada para la infancia. De eso nos habla La Odisea, de eso nos habla también mucho más cerca De los apeninos a los Andes incluido en la novela Corazón de Edmundo de Amicis  publicada en 1886. Donde se narra la historia del extenso y complicado viaje de un niño de trece años, Marco, desde Italia hacia Argentina, en busca de su madre, que había emigrado a aquel país sudamericano dos años antes. Y hoy el tema reaparece en nuevos textos como Stefano de Maria Teresa Andruetto o Sapo en Buenos Aires donde Gustavo Roldán, trae al monte de la mano del humor los recuerdos de su tierra.

Literatura para la infancia también implica riesgos y no sólo del mundo de la fantasía, cuenta de ello pueden dar autores como Laura Devetach o Elsa Bornemann cuyos libros La Torre de Cubos y Un elefante ocupa mucho espacio integraron, junto a muchos otros, las listas negras en los tiempos más oscuros de nuestra historia reciente. Pero los libros no mueren, ejemplo de esto es la reedición en Eudeba de una de las colecciones fundamentales de la literatura infantil en la Argentina. “Los cuentos del Chiribitil”, vuelven como reconocimiento a Boris Spivacov quien sufriera el embate de la dictadura. Hoy regresan diez de sus títulos, que mantienen el diseño, textos e imágenes de las ediciones originales del Centro Editor de América Latina de fines de los ’70— como “Inolvidables clásicos infantiles”.

La literatura para la infancia es una de las más generosas herencias de la sociedad a las nuevas generaciones, Y por suerte, hay aun infinitas historias para imaginar, para contar y compartir.