La pasión por cambiar el mundo | Enrique Piñeyro

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Esta semana en Rayuela, Enrique Piñeyro, piloto, médico, actor, cineasta, cocinero, activista y fundador de Solidaire, la ONG con la que realiza vuelos humanitarios, compartió su visión del mundo. 

A lo largo de la entrevista, el millonario que decidió involucrarse en causas sociales habla sobre el capitalismo disruptivo y se explaya sobre sus múltiples vocaciones que  se ponen en evidencia en proyectos solidarios que trasladan refugiados por aire y por mares, en su show de standup para perder el miedo a volar, en sus películas que denuncian la corrupción aeronáutica, en su restaurante Anchoita que tiene cubiertas sus reservas para todo 2023, entre tantos otros.

El hombre que reconoce que la infancia fue el tiempo de inspiración para sus múltiples y apasionantes vidas comparte su historia, su presente y los desafíos que tiene por cumplir.

 

 

A continuación, algunas de las ideas de Enrique Piñeyro en Rayuela.

Hablas sobre capitalismo disruptivo, ¿podés ahondar en esa idea?

Fíjate en la crisis del 2008, las hipotecas suprime de Estados Unidos y más adelante la pandemia, significaron un acrecentamiento de la brecha entre gente que no tiene y gente que tiene mucho, porque este sistema capitalista te permite una acumulación infinita. Si hacés un emprendimiento comercial y perdés plata sostenidamente, porque te divierte, porque no te importa hacerlo a pérdida, porque resolviste por otro lado el ingreso, ves que se incomoda todo el mundo. Ahora, si tenés un yate con 26 marineros vestidos de blanco, no le incomoda a nadie, eso no es rentable. Entonces hay cosas muy locas. Y está toda esta moral capitalista, esta cosa de la acumulación infinita, es algo que es un sacrosanto derecho. Entonces lo que se me ocurre es el capitalismo disruptivo. Vamos a reformular los objetos de lujo, el capitalismo, el yate y el avión privado. Hagamos un avión que sirva para algo, porque un jet privado ¿Para qué te sirve? ¿Para salvar a tus amigos? ¿Querer impresionar alguna novia? Acumulás y terminás comprando juguetes más grandes. Empieza a ser un sinsentido Y decís, no nene, despertate, porque no te va a alcanzar toda esa acumulación para pagar el ejército privado que vas a tener que pagar, porque cuando la desesperación es alta no te va a alcanzar nada.

El 19 de marzo, vas a recorrer algunas de las zonas de mayor actividad pesquera del país para exponer a la flota extranjera que cada año se instala allí de manera ilegal ¿Cómo y por qué decidiste involucrarte con esta causa?

Hace más de 40 años que venimos volando del sur. En uno de los viajes, a la noche, volviendo a Buenos Aires, vi por primera vez que a la derecha había un domo de luz parecía una ciudad grande. Pensé: “¿Qué pasó? ¿Me perdí?” Pero estaba en el camino correcto. A partir de esa zona de Bahía Blanca para abajo, hay luces que parecen ciudades. 

El 2 de abril de 2021 hicimos uno de esos vuelos y había quinientos y pico de barcos. ciento setenta estaban visibles porque tenían el AIS, un sistema que permite a los buques comunicar su posición. El resto lo tenía apagado. Es la zona del mundo donde más se apaga el AIS. En aviación eso no es legal, pero en los barcos hay una permisividad total. Y está bueno que eso se vea porque es una depredación, no sólo económica, donde estamos perdiendo fuentes laborales, productos autóctonos… es un daño ecológico tremendo. Todo es una cadena de impactos ecológicos, aeronáuticos, laborales, de predatorio.

Visibilizar esta problemática tuvo algún impacto porque el Estado compró algunos aviones para hacer este trabajo. No sé como estará la cosa ahora porque la Argentina en eso es muy voluble.

No hay que abandonar el tema, hay que solucionarlo. Esto no puede ser, es una depredación bestial. Hay que tomar medidas, supervisar, plantearlo en foros internacionales, hay que hacer acuerdos internacionales de preservación de los recursos naturales.

En octubre te volvés a presentar en el teatro Coliseo con tu unipersonal “Volar es humano, aterrizar es divino” por décimo año consecutivo. ¿Cómo decidiste realizar este espectáculo?

Durante los actos escolares pensaba “el teatro tiene que ser más que esto”.Durante la secundaria, hice toda la carrera actoral.

Cuando estrenamos Whisky Romeo Zulú (NR pelicula escrita, dirigida y protagonizada por Enrique Piñeyro. que relata los hechos de la tragedia del Vuelo LAPA 3142, narrando el trasfondo del accidente desde la visión del mismo Piñeyro, quien fuera piloto de esa linea aerea  a la que renunció un par de meses antes del accidente— tras haber denunciado las desastrosas políticas y procedimientos de seguridad de la empresa), cortábamos los títulos rodantes, cuando iban a negro, prendían la luz y yo estaba con un micrófono y tomaba preguntas del público y se armaban verdaderos standups que han llegado a durar más que la película y la gente no se iba. Y yo decía: «Esto es lo que más me gusta del cine ¿Cómo hago para hacer esto sin estar dos, tres años haciendo una película? Entonces se me ocurrió la idea de hacer el standup (Volar es humano, aterrizar es divino, estrenada en 2010, presentada en Buenos Aires, España  e Italia vuelve en octubre al Teatro Coliseo)).Y ahí empezó con producción, porque tenemos un simulador que es una escala uno en uno de la parte delantera de un avión metida ahí adentro y gira y ves a los pilotos, lo ve de afuera, lo ve de adentro. La idea un poco era desmitificar esta cosa del miedo a la aviación. Cualquier cosa mata más que un avión. Si en tierra hiciéramos las cosas que hacemos en una cabina de avión, sería un mundo mucho mejor.

¿Cómo explicás el éxito de Anchoita y cómo empezó tu pasión por la cocina?

No lo sé. Me cuesta creerlo. Yo sé lo que estamos haciendo. Es una especie de cocina de afluentes de la inmigración coreana, la italiana, la española, eso es innegable. Y la propia, que se generó a través de esa inmigración. Pero básicamente el gran afluente es mi revancha de la infancia. A mí, mi vieja me hacía una tostada con dulce de leche y era tan finita que en transparencia podías ver los alvéolos de la tostada. Entonces yo la ponía bajo la mesa un ratito, sin que nadie mirara, la daba vuelta y se la volvía a dar para que le diera otra capa invisible de dulce de leche. Ahora hacemos cubanitos con dulce de leche, frescos, hechos en el momento y se los damos con el café gratis, porque un vaso de agua y un cubanito no se le niega a nadie. En mi casa, se comía muy mal porque a mi viejo no le gustaba el ajo ni la cebolla y mi vieja nos decía que era una gran cocinera y en la vida la vimos poner una pava de agua hervir. Empezó a ser un tema entre la fascinación con la alquimia, ver transformarse ese moco blanco de la clara del huevo en un huevo frito por acción de calor y por otro lado decir: “acá que hay que sobrevivir”. 

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