Martín Cirio y Carolina Duek estuvieron en Rayuela

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El instagramer Martín Cirio, también conocido como “La Farona”, y Carolina Duek, doctora en Comunicación Social fueron los dos invitadxs de esta semana en Rayuela. Silvia Bacher los entrevistó en simultáneo y, entre los 3, reflexionaron acerca de los consumos culturales en Argentina, el rol de los influencers en la actualidad, las redes sociales y muchos temas más.

 

Cirio es uno de los personajes más reconocidos en las redes gracias a su gran cantidad de seguidores en las diversas plataformas, aunque su popularidad se concentra en Instagram, donde tiene más de 1 millón de followers. Comenzó subiendo videos de sus viajes por Egipto (de ahí el apodo por el que se lo conoce) y hoy es tendencia todas las noches gracias a los “vivos” de Instagram que realiza con Lizardo Ponce, Yanina Latorre y otrxs. “No me gusta considerarme influencer pero me doy cuenta por los mensajes que me llegan que hay gente que cambia de parecer en algunas cosas. Como el tema del aborto o el machismo”, aclara.

 

Desde una perspectiva más académica, Duek explica que “el influencer tiene que ver con un nodo, con recomendaciones, posturas. Una persona que es relevante por sus opiniones y por lo que muestra, pero también por lo que dice que muestra. Ahí hay una crítica sobre el concepto de influencer, sobre su artificialidad, la impostura y comercialización de los perfiles”.

 

Una de las grandes cuestiones en torno a Internet que aún se mantiene en debate es la supuesta democratización de las redes sociales. Duek, especialista en la materia, da su punto de vista: “Todos podemos tener un blog o una cuenta de Instagram y producir contenido. Pero no es la misma la repercusión ni las “licencias” que uno tiene con una cuenta con 100 seguidores que 100 mil o 1 millón. Hay una visibilidad diferencial de los temas y lo que se puede mostrar o no”. Y continúa: “La promesa de democratización de las redes sociales trae una gran ficción que se despliega constantemente: si vos querés podes. Y lo que estamos viendo en este contexto de aislamiento social es que las cuentas que tienen repercusión son las que más seguidores tienen. Las que pueden monetizarse tienen que ver con una construcción previa. No es que todos podemos ser “La Farona””.

 

¿Cómo cambia el contenido de un instagramer a medida que va aumentando su cantidad de followers? Cirio lo explica con claridad: “Cuando uno tiene pocos seguidores, la jerarquía es menor, cuando tenés más estás más validado. Ahora hay cosas que hago en las que veo que tengo muchos privilegios: que yo pueda fumar porro se da porque ahora tengo un montón de seguidores porque cuando lo hice trabajando de profesor de inglés en una empresa me echaron. Yo se que hoy soy más libre que cuando tenía 20 mil followers”.

 

A partir de la cuarentena que comenzó en marzo, los lives (o vivos) de Instagram aumentaron su popularidad de manera exponencial. Noche a noche, Cirio, Yanina Latorre y otros reúnen a más de 100 mil personas en sus cuentas personales. “No creo que vayan a reemplazar a la televisión”, asegura Duek. “Creo que complementan las funcionalidades de Instagram y también la oferta televisiva. No es todo una guerra por el rating. Los usuarios de las redes sociales también nos aburrimos de todo el tiempo lo mismo. Los vivos son algo bastante entretenido, distinto y en un horario en el que las casas tienden a apagarse. Uno puede relajarse, tomar algo y ver un vivo gracioso. Son procesos muy vinculados con el contexto y con el momento particular que estamos viviendo”.

 

“La Faraona” también aporta su punto de vista respecto a esta supuesta rivalidad entre formatos: “No hay competencia con la tele, son otros públicos. Las personas que están en redes valoran mucho lo que es verdadero. Por eso la pegan los vivos, porque no sabes qué va a pasar. Capaz nos mandamos una cagada pero estamos en vivo fumados. Y la gente valora eso: basta de la careteada de lo que puedo ver en la tele, todo políticamente correcto. Se genera algo muy genuino que la gente agradece. La tele es muy careta”.

 

Cualquiera que haya visto al menos 5 minutos del contenido que publica Cirio sabe que su humor es del tipo que transgrede permanentemente, muy ligado a lo políticamente incorrecto. ¿Tiene límites el humor? Duek no tiene dudas al respecto: “Martín tiene la premisa de que podemos hablar de todo y reírnos de todo. Siempre el humor va a ofender a un tercero. Yo creo que no hay límites para el humor, es una de las grandes vías de escapes para los grandes problemas y angustias cotidianas”.

 

Cirio tiene una mirada muy similar: “Depende mucho del momento de la vida en que esté cada persona. Yo entiendo que si tu mamá se muere de cáncer hoy no te vas a reir. Cuando mi papá murió no me reí, pero hoy puedo hacer humor con eso, le puedo encontrar lo gracioso. El malestar que uno crea en el otro depende mucho del momento que está viviendo. No hay límites para el humor pero entiendo que pueda molestar a un tercero”.

 

Un tema que no podía faltar era el problema de la regulación de las redes, en relación a los contenidos ofensivos para los menores de edad. “El gran problema de las redes no es tanto la ficción de democratización sino cómo regular y normar todos los problemas de grooming, acoso y violaciones, producto de contactos con menores o desconocidos que falsifican su identidad en redes. Es el gran desafío que tienen los estados nacionales mundiales”.

 

Cirio pone el foco en “Tik Tok”, una red social muy de moda entre los adolescentes: “ En Instagram si subís algo zarpado lo denuncian y te lo bajan al toque. Esto en tik tok no está pasando. Hay un chico que hizo un vivo con una chica de 14 años que le preguntaba si se masturbaba, si haría un trío con el. Yo lo expuse pero él sigue haciendo esos videos, no pasa nada. Los chicos que lo siguen tienen 12 años y creen cualquier cosa que les dicen. Yo creo que el tema de tik tok va a explotar en serio cuando pase algo, alguna violación a una menor. Y se exponga”.

 

Para finalizar, Silvia le preguntó a los dos entrevistadxs de esta semana acerca del rol de la educación en esta cuestión. Duek tomó la batuta, para cerrar esta interesantísima conversación: “La escuela tiene un lugar central en todo esto. La crítica sobre la caducidad de la escuela no tiene asidero y en la vida cotidiana se desmiente totalmente. Pensar la educación ya no es en abstracto: hay que incorporar al contexto, las prácticas y las apropiaciones de los niños y adolescentes fuera de la escuela, cómo intervienen en la escuela y de qué forma la escuela tiene que tener herramientas. Los docentes tienen que ser ayudados y asesorados en sus formación para acompañar estos procesos. La afirmación de que todo lo que pasa afuera de la escuela no es tema de la escuela no se puede sostener”.