Armas o palabras

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Cuenta el diario El país que el próximo primero de agosto se cumplirá el aniversario de la primera matanza ocurrida en un campus universitario en Estados Unidos. Sucedió hace 50 años, cuando Charles Whitman subió a la torre del reloj en la Universidad de Texas en Austin cargado con pistolas y rifles. Tras haber asesinado a su madre y esposa, disparó a 43 personas y mató a 13.

Ese mismo dia, pero 50 años después, entra en vigencia en esa misma ciudad, Texas, una nueva ley que autoriza a los estudiantes a portar armas dentro de las universidades públicas de ese estado. Aunque centenares de profesores y miles de estudiantes manifestaron su oposición, las universidades públicas están obligada a implementarla.

Este escenario parece estar en sintonía con la fuerte demanda que existe en el país del norte para comprar y portar armas. En 2015, durante el Black Friday se procesaron cerca de dos pedidos de autorización por segundo para comprar y portar armas. Según el FBI, se concretaron más de ciento ochenta y cinco mil solicitudes a lo largo del día.

En nuestro país, desde diversos estudios se destaca que las violencias que se manifiestan en las escuelas, no son aisladas sino que están atravesadas por las que los estudiantes viven fuera de ellas. Asi lo señala una investigación que llevó adelante UNICEF en escuelas secundarias estatales y privadas. El estudio rastrea la percepción de los padres sobre la violencia en las escuelas, ¿Qué muestra? que sus temores coinciden con los temas que visibilizan los medios de comunicación en relación con los jóvenes, dentro y fuera de la escuela: las drogas, las armas de fuego y las peleas. Sin embargo, al ser consultados sobre estos fenómenos en relación a sus hijos, qué dicen? Declaran que estos no son problemas que sucedan en sus escuelas.
El estudio, afirma que, si bien, la presencia de armas de fuego, es un tema que ocupa un lugar relativamente menor en la percepción de los alumnos, sin embargo, no se puede soslayar, no sólo debido a las potenciales consecuencias de su uso, sino porque representa la transgresión de un límite que hasta hace algunas décadas se consideraba impensable.

Pero es posible resolver la violencia insuflando más violencia o llevar armas? No es una ilusión pensar que nos protege? Es acaso un camino? Muchos expertos, incluso Unicef elige otro: cuál? la prevención, y no sólo desde las escuelas. Como primera medida reconocer que es un tema que trasciende las paredes de la escuela, que incluye a las familias, a las escuelas y toda la comunidad. Resulta indispensable trabajar juntos para que las armas de fuego no lleguen a manos de los jóvenes.

Durante los últimos años el tema de la portación de armas en las escuelas fue abordado desde diferentes jurisdicciones en nuestro país. Sólo algunas acciones para que conozcas. En el marco del consejo federal de educación -que reúne a los ministros de educación de todas las provincias- se elaboró una guía para la intervención educativa en situaciones complejas relacionadas con la vida escolar. Se dictaron capacitaciones para los docentes de todo el país. Se articularon acciones desde educación con el Plan Nacional de Entrega de Armas de Fuego que lleva adelante el RENAR (Registro Nacional de Armas) para crear conciencia de la necesidad del desarme social y se creó un observatorio de violencia en las escuelas en alianza con la Universidad Nacional de San Martin.

Todo es necesario pero nada es suficiente. Porque mirar el problema de la violencia no es suficiente hacerlo desde el bullying, o desde el cyberbulling, o desde la presencia de un arma en la escuela (para lo cual por supuesto existen protocolos que brindan a los docentes y directivos protocolos, modos de proceder ante el hecho concreto),Quiero decir al mirar el hecho violento de manera aislada se pierde la oportunidad de comprender que lo que está en juego es la relación entre las personas, actuar sin prevenir nos impide poner sobre la mesa un hecho clave: que la convivencia está atravesada por tensiones y que es el diálogo, la confianza, el respeto, lo que nos permite convivir.

Es preciso crear conciencia que la palabra es el camino para la resolución de problemas, que las tensiones son parte de nuestra vida cotidiana y que para resolverlas es clave educar en una cultura del diálogo, del encuentro, de comprender y valorar las diferencias.

Y los adultos tenemos mucho que pensar antes de hablarles a los chicos sobre estos temas.

La norma promulgada en Texas permite que los presidentes de las universidades designen zonas libres de armas. Tal vez allí haya una oportunidad: que esas zonas libres de armas, sean zonas para el diálogo, para el conocimiento del diferente, de resolución pacífica de conflictos. La palabra es el camino, porque ante problemas complejos, no es posible encontrar soluciones sencilla