La radio, tierra de voces

La radio, tierra de voces – Nota de opinión en Diario Perfil

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Este medio tiene licencia para abrir, a través de la palabra y el silencio la más profunda agitación para la transformación social.

 

En  esta  tierra  de  voces, como Walter  Benjamin  llamó  a  la  radio  en  sus  escritos  radiofónicos, todos pueden sentirse en casa”, señala Audrey Azoulay, Directora-General de UNESCO en el Día Mundial de la Radio que se celebra cada 13 de febrero con acciones en diferentes partes del planeta. Es que este medio, al que muchos definen como mágico, tiene licencia para abrir, a través de la palabra y el silencio, espacio a la imaginación, la creatividad, la participación, el ida y vuelta, y también a la más profunda agitación para la transformación social. La radio, espacio de juego y entretenimiento, de información, de construcción o derribo de estereotipos, de unilateralidad o pluralidad. La radio, la oportunidad más potente tal vez para debatir y consolidar las democracias.

La radio conserva, según diferentes estudios, enorme popularidad, renueva audiencias, incorpora canales de difusión y plataformas –AM, FM, onda  larga y, cada  vez  más, radio digital-, a la vez, los nuevos formatos -como radio web y podcasts- atraen nuevas audiencias.

La pregunta es, cuál es el aporte que puede hacer la radio en un mundo vertiginoso, violento, con un alto sesgo visual, para la construcción de culturas en las cuales los seres humanos puedan escucharse, descubrirse, reconocerse en sus diferencias y valorarse a partir de ellas. Puede ayudar a pensar esta cuestión el mensaje de UNESCO en el día de la radio, al señalar que “es un poderoso medio para celebrar la humanidad en toda su diversidad ya que constituye una plataforma para el discurso democrático. A nivel mundial, la radio sigue siendo el medio más consumido. Esta capacidad única de llegar a la más amplia audiencia significa que la radio puede dar forma a la experiencia de diversidad de una sociedad, erigirse como un escenario para que todas las voces se expresen, estén representadas y sean escuchadas. Las emisoras de radio deben servir a comunidades diversas, ofreciendo una amplia variedad de programas, puntos de vista y contenidos, y reflejar la diversidad de audiencias en sus organizaciones y operaciones.”

Existen en nuestro país diversas experiencias que buscan recuperar este potencial de la radio, por ejemplo, en comunidades educativas, tal es el caso de la Red Nacional de Radios Escolares Aprender con la Radio impulsada la asociación civil Las Otras voces Comunicación para la democracia, que desde hace 16 años trabaja en todo el país con diferentes estrategias para que los estudiante no solamente mejoren en lectoescritura sino que incrementen el nivel de pensamiento crítico para cuestionar y problematizar. A la vez, el desafío es que expresen sus propias opiniones y sentimientos y atiendan las de los/las demás. ¿Por qué? Porque, sin duda, esto tiende a transformar el clima escolar, ya que al escuchar se fortalecen la autoestima de los estudiantes y los vínculos entre docentes y alumnos, el clima en el aula se torna abierto, participativo, respetuoso de la multiculturalidad, los docentes pueden conocer y comprender más y mejor el contexto socio-cultural del alumnado. Pero también porque mejoran los vínculos entre estudiantes, con el trabajo en equipo, cooperación entre pares, respeto a la diversidad. Y un punto clave, mejora la relación de la escuela con la familia y la comunidad de referencia. ¿Puede entonces la palabra evacuar situaciones de violencia? Muchos impulsores de radios escolares sostienen ser testigos de que al ponerse en palabras, casos de bullying, de discriminación, de diferentes tipos de violencia, al investigar, expresar, escuchar y escucharse y conocer otras miradas, éstos comienzan a resolverse.  

Otra experiencia que merece ser contada es la que lleva adelante Matías Niremberg, quien desde hace dos décadas impulsa proyectos con personas con discapacidad. Su historia, que se sigue escribiendo, está relatada cálidamente por el radialista Hector Yudchak en el libro Somos capaces. El autor consigue que el lector “sea testigo de cómo los jóvenes en el proceso fueron transformándose, desde los talleres hasta llegar al aire o incluso en la generación de su propio proyecto, en las creaciones radiales y también en diferentes recorridos en la sociedad y en la cultura.” Y el rasgo distintivo radica en que esta obra “trata sobre la integración, la inclusión, el respeto por las personas con discapacidad.

Las radios escolares son un ejemplo de cómo el éter puede promover encuentro en esa misma pluralidad. Lo mismo ocurre con otras radios, sostiene UNESCO, por ejemplo, con las  comunitarias de larga trayectoria y fuerte impronta en nuestro país, estudiadas entre otros por la doctora Larisa Kejval, ya que son actores activos, que transmiten las demandas de muchos grupos cuyas voces serían mucho menos efectivas en el debate público sin la radio. Y no son menos trascendentes las radios de pueblos originarios, que resultan vitales para la preservación de culturas y lenguas ancestrales.

Hay un punto clave. La diversidad, no debe darse sólo en radios de baja potencia sino que necesariamente tiene que estar presente en todas las emisoras. Asi como tampoco limitarse la complejidad y la riqueza de la sociedad, solamente a los micrófonos, donde por supuesto debe suceder, sino hacerse plausible a lo largo de todo el proceso creativo, de producción, operación, aspectos técnicos, ya que esa heterogeneidad ayuda a combatir prejuicios y discriminación. Un ejemplo, pero no el único, se refiere a la imperiosa necesidad de promover mayor participación de las mujeres en la industria de la radio. Una demanda que no deja de escucharse pero que aún está lejos de lograr parámetros de paridad.

La radio es comunicación, es derecho en movimiento, es transformación. La radio es un puente que se tiende para el encuentro de sociedades más humanas, más solidarias, con un poco de esa magia tan única que sólo ella nos puede brindar.

(Fuente www.perfil.com).