Infancia y juventud en situación de calle y derecho a la educación | Susana Reyes

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Esta semana, en Rayuela, conocé a Susana Reyes, fundadora de la escuela Isauro Arancibia destinada originalmente a aquellas afiliadas a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), que quisieran terminar la primaria. Hoy la “Isauro”, que recibe a chicos y chicas en situación de calle y dicta talleres de oficio no para de crecer.

Susana, secuestrada durante la última dictadura cívico-militar, siempre supo que quería dedicar su vida a la enseñanza. “Siempre sentí que si estaba viva, tenía que hacer algo más que sobrevivir, sino vivir y transformar la realidad en honor a mis compañeros y compañeras”, cuenta.

En este episodio, Reyes habla sobre su historia personal y comparte los secretos de una escuela pública, única por sus características, que recibe a quienes más lo necesitan. 

Se suman testimonios de ex estudiantes del Isauro, como Elena Reynaga, fundadora de AMMAR y primera alumna de la escuela, que a los 47 años decidió terminar la primaria.


A continuación, algunas de las ideas de Susana Reyes en Rayuela.

¿Cómo comenzó el proyecto de crear la escuela Isauro Arancibia?

Me llamaron del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires para abrir un Centro Educativo en la CTA, para las chicas de AMMAR. Comenzamos con un solo grupo de entre 12 y 15 alumnas. Una de ellas fue Elena Reynaga, una de las fundadoras de AMMAR que a los 47 años decidió terminar la primaria.

Con ellas, fuimos a buscar a los chicos en situación de calle.  Me dicen: “hay chicos grandes que no saben leer y escribir. Están en la estación y duermen ahí”. Eran los 90: había muchos pibes y tantas familias en la calle, sin trabajo. 

Fuimos a buscarlos. Eran todos adolescentes. Les dijimos: “hay una escuela que los está esperando”. A partir de ahí empezaron a venir. Me ayudaban las chicas de AMMAR. Entre todos hicimos la escuela.

Yo siempre les digo a los y las estudiantes que son nuestros maestros, que nos hacen mejores docentes, por su resistencia, por querer, por esforzarse por estar mejor.

 

¿Por qué la escuela se llama Isauro Arancibia?

Los docentes tenemos la posibilidad de ponerle un nombrea la institución y decidí ponerle Isauro Arancibia, el nombre del primer maestro asesinado por la dictadura, de 120 balazos en un local sindical. Un maestro tucumano, fundador de la CTERA, nacido en Monteros. 

Como hacía mucho que no cobraba el sueldo, los sobrinos le habían regalado un par de zapatos. Los milicos, después de matarlos a él y a su hermano Arturo, le roban los zapatos. Entonces, otro maestro tucumano, que escribió un libro hermoso sobre Isauro, anotó en el pizarrón: “Recuperemos los zapatos de Isauro porque no es justo que un maestro camine descalzo por el cielo”. En esta escuela, todos nos calzamos esos zapatos. 

¿Cuáles son las “máximas» de Isauro?

En esta escuela, siempre va a haber lugar para todos, lleguen a la hora que lleguen, cuando puedan y en cualquier momento del año. 

Nosotros les decimos que el aula no es la calle. Como no nos metemos con lo que ellos hacen en la calle, ellos tampoco pueden traer cuestiones de la calle en la escuela. Acá sólo se utiliza la palabra.

Siempre van a encontrar un maestro o una maestra en la puerta, con un mate en la mano, para abrazarlos y devolviéndoles una mirada amorosa. Tienen que poder vivir ese momento en el que están en la escuela de otra manera, distinta a como viven el resto del tiempo en la calle. Para nosotros es muy importante que ellos vayan registrando experiencias positivas, buenas, donde puedan desarrollar todas sus potencialidades. 

Testimonio de Elena Reynaga. Cómo el Isauro le cambió la vida

El día que Susana Reyes nos leyó lo que es la Constitución. Hasta ese momento, a los cuarenta y pico de años, yo no sabía la cantidad de derechos que teníamos las personas que habitamos este maravilloso país y eso sí me cambió la vida. Me ayudó a entender que tenía derecho a la vivienda, a la educación, a ser libre y también comprendí que era importante luchar y pelear por lograr cada uno de esos derechos. 

El que no aprende con Susana, no aprende con nadie, por el amor, el compromiso que ella le pone a la educación y por supuesto, a las personas.

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